Contenidos
- La promesa de Udemy y el aviso de su salida a bolsa
- El problema del curso de 200 dólares vendido por 12
- El pico de ingresos y el desplome posterior
- La IA no ha matado el aprendizaje, ha matado el curso genérico
- Lo que la inteligencia artificial todavía no hace por ti
- De vibe coder a ingeniero agéntico
- Si enseñas, sube el listón. Si aprendes, construye
- Preguntas Frecuentes
Durante más de diez años, mis ingresos dando cursos online crecieron de forma sostenida. La cifra acumulada superó los 2,3 millones de dólares, con valoraciones mantenidas por encima de 4,5 estrellas y meses especialmente fuertes entre 2021 y 2022.
Y, de repente, la gráfica cayó por un precipicio.
No fue una crisis económica. No fue que dejara de crear contenido. Tampoco fue que mis cursos online se convirtieran de un día para otro en malos cursos. Fue la combinación de dos cambios que transformaron por completo el sector de la formación online: el modelo de negocio de los grandes marketplaces y la llegada de la inteligencia artificial.
La conclusión no es que aprender online haya muerto. De hecho, aprender es más importante que nunca. Lo que ha muerto, o debería morir, es el curso genérico, enlatado y de usar y tirar que se limita a repetir información que una IA puede explicarte gratis en segundos.
La promesa de Udemy y el aviso de su salida a bolsa
En 2021, Udemy era la gran referencia mundial de los cursos online. Millones de estudiantes, cientos de miles de instructores, eventos internacionales y una sensación general de que la educación digital no tenía techo.
La pandemia había acelerado una tendencia que ya venía de antes. Empresas, universidades y profesionales entendieron que aprender por internet no era una alternativa secundaria, sino una forma real de adquirir habilidades. Yo mismo defendía esta idea en charlas y contextos universitarios.
En octubre de ese año, Udemy salió a bolsa con un precio de 29 dólares por acción. La narrativa era muy sencilla: el futuro de la educación sería online y el crecimiento continuaría sin freno.
Pero el estreno no fue precisamente una celebración. La acción abrió por debajo de su precio inicial y cerró en rojo el mismo día. Más allá de las cotizaciones, aquello representaba algo que muchos instructores ya estábamos percibiendo: el modelo tenía grietas importantes.
Una plataforma puede tener una audiencia gigantesca y facturar muchísimo dinero, pero eso no garantiza que el sistema sea sostenible para quienes crean el contenido. Especialmente cuando el valor del trabajo se reduce cada vez más.
El problema del curso de 200 dólares vendido por 12
El negocio de un marketplace de cursos online no consiste en vender tu curso. Consiste en vender cuantos más cursos mejor. Da igual que una formación tenga una hora o cincuenta horas, que lleve meses de trabajo detrás o que sea una recopilación superficial de información. Todo acaba compitiendo dentro del mismo buffet libre.
El resultado es fácil de entender:
- Descuentos permanentes que convierten un curso de 200 dólares en uno de 12 dólares.
- Mercados donde una formación puede venderse por cantidades todavía menores.
- Más instructores compitiendo por el mismo alumno.
- Más cursos online publicados cada semana.
- Una guerra de precios donde el contenido termina pareciendo intercambiable.
Al principio, el reparto para el instructor podía ser muy alto, cerca del 97% en ciertas ventas. Después llegaron las reducciones: 60%, 50%, 37%, 35% y una tendencia progresiva hacia márgenes cada vez más pequeños.
La promesa era que la plataforma invertiría más en publicidad y que ese recorte acabaría compensándose con mayor volumen de ventas. En la práctica, para mantener ingresos había que publicar sin parar. Hubo épocas en las que lanzaba cuatro, cinco o seis cursos online al mes, prácticamente una formación por semana, para sostener el ritmo.
Eso puede funcionar mientras el mercado crece y existe una demanda masiva de contenido básico. Pero no es una estrategia que puedas mantener eternamente. Ni es una forma sana de valorar el conocimiento, el tiempo y la experiencia de quien enseña.
El pico de ingresos y el desplome posterior
La gráfica de ingresos muestra un pico claro entre 2021 y 2022. Hubo meses que superaron los 30.000 dólares. La pandemia ayudó, por supuesto, pero también influyeron el crecimiento de la plataforma, el volumen de lanzamientos y una audiencia que todavía necesitaba comprar cursos online para resolver casi cualquier duda práctica.
Después llegaron 2024 y 2025. Misma cuenta, mismos cursos online, valoraciones excelentes, experiencia acumulada y trabajo constante. Sin embargo, los ingresos comenzaron a caer mes a mes hasta niveles que no veía casi desde los inicios.
La explicación no es que de repente fuera peor docente. Tampoco es que todo el contenido envejeciera de golpe. Lo que cambió fue el entorno.
Por una parte, el marketplace se saturó. Más cursos, más descuentos, más competencia y menor visibilidad para cada formación. La ley de oferta y demanda aplicada de la forma más cruda posible.
Pero hubo una segunda causa, mucho más profunda y definitiva: la inteligencia artificial.
La IA no ha matado el aprendizaje, ha matado el curso genérico
Antes, si necesitabas aprender una tarea concreta, comprabas un curso. Era la forma rápida de acceder a alguien que ya había cometido errores, encontrado obstáculos y recorrido el camino antes que tú.
Ahora puedes abrir un chat de IA, hacer una pregunta específica y recibir una explicación adaptada a tu nivel, tu contexto y tu duda exacta. Puedes pedir ejemplos, simplificaciones, ejercicios, alternativas y correcciones en cuestión de segundos.
Un curso básico de “haz X paso a paso” compite directamente contra eso. Y si solo aporta instrucciones genéricas, pierde. La IA responde más rápido, está disponible siempre y no obliga a avanzar durante horas hasta llegar a la lección que necesitas.
Esto asusta a muchos instructores, que sacan la conclusión rápida: “La IA ha acabado con los cursos”. Pero esa es una lectura perezosa.
La inteligencia artificial no ha acabado con el aprendizaje. Ha acabado con el contenido que no aportaba nada más allá de información.
Ya ocurrió antes. Hubo información que dejó de necesitar estar exclusivamente en libros, enciclopedias o bibliotecas cuando aparecieron los buscadores y Wikipedia. No desapareció el conocimiento valioso. Cambió el estándar de lo que merecía la pena pagar y estudiar.
Lo que la inteligencia artificial todavía no hace por ti
Una IA puede ayudarte a entender conceptos, escribir borradores de código y responder preguntas puntuales. Pero no sustituye tu capacidad para construir un producto real con criterio.
No conoce automáticamente las necesidades de tu negocio. No toma por ti las decisiones correctas de arquitectura. No convierte una idea difusa en un sistema mantenible y útil sin que entiendas lo que estás haciendo. Tampoco despliega un proyecto en producción de forma fiable si tú no sabes revisar, validar y dirigir el proceso.
El valor ya no está en memorizar comandos, repetir definiciones o coleccionar certificados. El valor está en usar las herramientas actuales para crear algo que funcione.
Por eso, las habilidades que siguen teniendo valor son las relacionadas con:
- Diseñar soluciones para problemas reales.
- Construir proyectos con inteligencia artificial.
- Tomar decisiones técnicas en lugar de copiar y pegar sin entender.
- Integrar, probar y desplegar productos útiles.
- Comunicar el resultado mediante un portfolio y proyectos públicos.
De vibe coder a ingeniero agéntico
No se trata de pedirle código a un chat, cruzar los dedos y esperar que todo funcione. Eso no es desarrollar. Es delegar sin criterio.
La oportunidad está en aprender a diseñar, montar y desplegar agentes y aplicaciones que resuelvan problemas de verdad. En pasar de utilizar IA de forma superficial a construir con ella de manera consciente, práctica y profesional.
Ese es precisamente el enfoque del curso De Vibe Coder a Ingeniero Agéntico: usar la inteligencia artificial para crear, pero entendiendo qué se está construyendo, cómo se conecta cada parte y por qué una solución funciona.
La diferencia también está en el acompañamiento. Los vídeos pueden ser el punto de partida, pero resolver dudas, intercambiar ideas con instructores y compartir avances con otros alumnos permite ir mucho más lejos que consumir una colección de lecciones aisladas.
Si enseñas, sube el listón. Si aprendes, construye
Si vives de enseñar, no compitas contra un chatbot que ofrece información gratuita. Enseña a pensar, a decidir, a construir y a resolver problemas reales. Deja de vender relleno y crea experiencias de aprendizaje que generen resultados visibles.
Y si estás aprendiendo, deja de acumular cursos que una IA puede resumirte en diez segundos. Aprende lo necesario y aplícalo inmediatamente. Crea proyectos. Equivócate. Mejora. Publica lo que haces.
Si programas, abre un repositorio, trabaja en proyectos reales y compártelos. Un buen punto de partida es dominar el control de versiones con el curso de Git y GitHub, porque tu portfolio no puede quedarse escondido en tu ordenador.
Compártelo en GitHub, muéstralo en LinkedIn y convierte cada proyecto terminado en una prueba de que sabes hacer algo útil.
La formación online no está muerta. El modelo antiguo, basado en información barata y repetida, sí está desapareciendo. Y sinceramente, está bien que ocurra. Ahora toca construir.
Preguntas Frecuentes
¿La inteligencia artificial ha acabado con los cursos online?
No. La IA no ha eliminado el aprendizaje online, sino los cursos que solo ofrecen información genérica. Hoy el valor está en la práctica, el acompañamiento y la resolución de problemas reales.
¿Por qué están bajando los ingresos de muchos instructores?
Principalmente por la saturación de los marketplaces de cursos, la guerra de precios y la competencia de herramientas de IA que responden dudas básicas de forma gratuita.
¿Siguen mereciendo la pena los cursos online?
Sí, siempre que enseñen habilidades prácticas, incluyan proyectos reales, feedback y acompañamiento, en lugar de limitarse a explicar conceptos que una IA puede resumir.
¿Qué habilidades tienen más valor en la era de la IA?
Diseñar soluciones, desarrollar proyectos reales, integrar herramientas de inteligencia artificial, tomar decisiones técnicas y construir un portfolio que demuestre experiencia.
¿Cómo debería adaptarse un instructor a la inteligencia artificial?
Dejando de vender contenido genérico y creando experiencias de aprendizaje centradas en proyectos, mentoría, comunidad y aplicación práctica del conocimiento.