Viajar no te abre la mente y una cámara no te convierte en fotógrafo

Viajar no te abre la mente y una cámara no te convierte en fotógrafo

Juan Gabriel Gomila Juan Gabriel Gomila
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Durante años se ha repetido la misma idea como si fuera una verdad sagrada: viajar te abre la mente. Suena bien, queda estupendo en una taza, en una bio de Instagram y en una conversación de aeropuerto. Pero no siempre es cierto.

De hecho, viajar puede no cambiarte en absoluto. O peor todavía: puede hacerte más superficial, más presumido y más pedante. Igual que apuntarte a un gimnasio no te pone fuerte por arte de magia, subirte a un avión tampoco te convierte automáticamente en una persona más sabia, más sensible o más abierta.

Esa es una de las ideas más incómodas y más honestas que deja Germán Gutiérrez, fotógrafo y viajero que decidió dejar su trabajo estable en la radio para irse por el mundo con una cámara y una obsesión: contar historias de verdad.

Y ahí está la clave. No en viajar por viajar. No en acumular países. No en hacerse la foto delante del monumento. La clave está en cómo miras, cómo te relacionas con la gente y qué haces con lo que vives.

De hablar de viajes sin haber salido del pueblo a vivir de ellos

La historia de Germán no empieza con una cámara en las manos desde niño ni con una epifanía artística a los ocho años. Nada de eso. La fotografía le llegó por casualidad. Antes probó informática, dejó la universidad, trabajó en empleos poco cualificados y fue dando palos de ciego hasta que entró en un grado de cine y fotografía. Y ahí, por primera vez, empezó a gustarle de verdad lo que estudiaba.

Pero incluso antes de eso ya había otra semilla plantada: la radio.

Con un amigo montó un programa sobre viajes en una época en la que internet no lo inundaba todo y viajar seguía siendo algo casi exótico para mucha gente. Hablaban de India, Australia o Europa con revistas de National Geographic, libros de biblioteca y mucha imaginación. No tenían dinero, no conocían a nadie que hubiera estado allí y aun así se pasaban las tardes soñando con el mundo.

Ese programa fue decisivo por dos motivos:

  • Le dio una voz a alguien que se definía como tímido.
  • Le enseñó que escuchar historias de otros puede cambiarte la cabeza.

Con el tiempo, la radio pasó de hobby a trabajo. Le pagaban por algo que antes hacía gratis. Era, en teoría, el trabajo ideal. Y sin embargo empezó a quedarse pequeño.

El momento de romper con la vida “correcta”

Llegó un punto en el que un mes de vacaciones al año ya no le bastaba. Quería saber cómo era vivir fuera, no simplemente visitar. Quería aprender idiomas de verdad, no aprobar exámenes. Quería dejar de entrevistar a gente que se lanzaba al mundo y empezar a hacerlo él.

Como no había un camino claro para “ser fotógrafo de viajes”, se puso una fecha límite. Antes de cumplir 30 años tenía que dejar el trabajo. Sin dramatismos, sin un plan perfecto, sin garantías.

Lo hizo en 2009, en plena época en la que mucha gente se aferraba a su empleo como si fuera un salvavidas. Y, curiosamente, quienes más lo apoyaron fueron sus padres y personas mayores. La gente de su edad era la que más le decía que estaba loco.

Ese salto no vino acompañado de una gran venta ni de una gran estructura detrás. No tenía una casa que liquidar ni un patrimonio con el que financiar una aventura romántica. Lo que tenía era una decisión tomada.

Su primer destino importante fue el Sáhara, colaborando con un proyecto precioso de bibliotecas móviles en campamentos saharauis. Iba a hacer fotos y vídeo para ayudar a la asociación. Allí empezó de verdad la etapa de salir al mundo con una cámara y buscar historias humanas.

La fotografía no va de técnica. Va de historia

Esta parte es especialmente importante para cualquiera que ame la fotografía o quiera dedicarse a ella.

Germán defiende una idea que desmonta mucho postureo técnico: hacer buenas fotos no depende tanto de dominar parámetros como de entender lo que estás viviendo.

Sí, claro que hay técnica. Claro que conviene saber usar una cámara. Pero en fotografía, la técnica se puede aprender relativamente rápido. La cámara ya hace fotos. Incluso en automático puede sacar una imagen “correcta”.

Lo difícil no es eso.

Lo difícil es conseguir que una imagen transmita algo. Que no sea solo bonita, sino significativa. Que quien la vea sienta que hay una historia detrás.

Con los años, Germán fue descubriendo que las fotos que más conectaban con la gente no eran necesariamente las más espectaculares, sino las que contenían una historia reconocible. Ahí entendió algo fundamental: si quieres contar historias con una cámara, primero tienes que vivirlas.

Por eso insiste en algo que muchos fotógrafos jóvenes necesitan escuchar:

  • Deja de consumir tutoriales sin fin.
  • Deja de obsesionarte con la hiperfocal, el equipo o el preset milagroso.
  • Sal fuera.
  • Habla con la gente.
  • Métete en situaciones reales.
  • Usa la cámara como excusa para entrar en el mundo.

Ahí es donde empieza la fotografía que de verdad importa.

Viajar no te mejora. Tu actitud sí

La frase central de toda esta reflexión es simple y bastante demoledora: viajar no te abre la mente automáticamente.

Puedes viajar muchísimo y seguir siendo igual de cerrado que siempre. Incluso peor. Hay gente que convierte sus viajes en una medalla moral, como si haber estado en ciertos países les colocara por encima de los demás.

Todos conocemos a alguien así. Esa persona que ha viajado mucho y, en vez de volverse más humilde, se ha vuelto más pesada.

Viajar solo te da una posibilidad. Una herramienta. Una exposición a otras realidades. Pero luego hay que hacer algo con eso.

Puedes ir a Camboya y quedarte en el hotel viendo templos sin hablar con nadie. O puedes intentar entender qué pasó allí con los Jemeres Rojos, hablar con personas que todavía cargan las consecuencias de esa historia y dejar que esa conversación te sacuda un poco por dentro.

No es el destino lo que transforma. Es la forma en la que entras en él.

La desigualdad, la suerte de nacer en un sitio y lo que no se ve desde casa

Después de vivir en países como India, Nepal, Tailandia o Vietnam, una de las lecciones más fuertes es evidente: nacer en un lugar u otro condiciona muchísimo tu vida.

Hay sociedades donde la desigualdad se ve con una crudeza que cuesta asimilar. India y Nepal, por ejemplo, fascinan por su espiritualidad y su cultura, pero también enfrentan a estructuras sociales durísimas. En el caso del hinduismo, incluso aparece esa lógica de castas que normaliza diferencias brutales de origen.

Eso no significa que todo quede reducido al contexto ni que la pobreza sea una condena absoluta sin margen de maniobra. Germán cuenta también que ha conocido personas en entornos muy difíciles que han luchado por construirse una vida digna. Lo uno no quita lo otro.

Lo importante es entender que el mundo es bastante más complejo que los slogans motivacionales.

Vietnam, el agente naranja y las historias que casi nadie cuenta

Una de las historias más duras que documentó fue la de los efectos del agente naranja en Vietnam.

Cuando llegó al país, iba buscando historias humanas relacionadas con la guerra. Lo que encontró fue mucho más fuerte de lo que esperaba. En hospitales y centros de acogida vio niños con malformaciones gravísimas, abandonados por sus familias, nacidos décadas después del conflicto debido a las consecuencias de ese químico utilizado por Estados Unidos para arrasar la selva.

El agente naranja no fue simplemente un arma de guerra. Fue una herida biológica a largo plazo. Un producto que contaminó tierra, agua y alimentos y cuyos efectos siguieron apareciendo muchos años después.

Ahí es donde la fotografía documental encuentra todo su sentido. No para explotar el dolor ajeno, sino para intentar que ciertas realidades no desaparezcan en el olvido.

Porque si solo pensamos en Vietnam como una película de Hollywood o en la guerra como una colección de imágenes icónicas, nos perdemos lo esencial: las secuelas siguen viviendo en cuerpos concretos.

La teoría de las banderas y una vida sin centro fijo

Otro concepto interesante que aparece en su forma de vivir es la teoría de las banderas. La idea es sencilla: no tienes por qué concentrar toda tu vida en un solo país.

Puedes repartir tus “banderas” según te convenga mejor:

  • Un país para vivir
  • Otro para tu residencia fiscal
  • Otro para ciertos servicios o costes de salud
  • Otro para oportunidades profesionales

En su caso, vive en Vietnam, tiene estructura fiscal fuera de España y ha diseñado una vida mucho más flexible, algo que hoy asociamos al nomadismo digital, aunque él empezó antes de que esa etiqueta se pusiera de moda.

No es una fórmula para todo el mundo, pero sí una muestra de que existen maneras menos rígidas de organizar una vida profesional global.

El error que hunde a muchos creativos: creer que el buen trabajo se vende solo

Si hay una idea que debería quedarse grabada en cualquier persona creativa es esta: el mito de que “si tu trabajo es bueno, se venderá solo” es un cáncer.

Especialmente en fotografía, música, escritura o cualquier oficio creativo, mucha gente crece con una relación rarísima con el dinero. Les encanta crear, pero les incomoda vender. Piensan que promocionarse es rebajarse, que cobrar mucho está feo o que el talento debería “hablar por sí solo”.

No funciona así.

Los grandes artistas que vivieron bien no solo eran buenos. También sabían posicionarse, comunicar y vender. Y eso no los hacía peores artistas.

De hecho, si crees de verdad que lo que haces puede ayudar, emocionar o aportar algo, casi tienes la obligación de aprender a moverlo.

Germán lo aprendió a base de errores, incluyendo uno muy típico: vender demasiado barato. Al principio organizaba viajes fotográficos casi regalados, ganando muy poco por persona, pensando que así facilitaría el acceso. El resultado fue absurdo: regateos, sospechas y clientes que incluso pensaban que estaba ganando demasiado con precios ridículos.

Cuando subió tarifas, desapareció ese tipo de ruido. Y entendió algo que muchos tardan años en aceptar: cobrar bien también ordena la percepción del valor.

Una recomendación práctica para emprender: escribir un email cada día

Entre todos los consejos, hay uno extremadamente simple y muy potente para cualquiera que quiera vender mejor su trabajo: escribe un email al día.

No uno larguísimo ni una obra maestra. Un correo breve, interesante, personal, directo. Algo que mantenga el vínculo con tu audiencia y haga que la gente te recuerde.

Esa práctica le cambió la vida profesional. Porque vender no siempre consiste en empujar. Muchas veces consiste en estar presente, generar confianza y dejar que, con el tiempo, la persona adecuada piense: “me iría con este tío a cualquier parte”.

Si te interesa ese enfoque sobre viajes y fotografía, puedes echar un vistazo a fotoMundos o seguir su trabajo en Instagram.

Una última lección: apreciar lo tuyo después de salir fuera

Curiosamente, viajar mucho también puede hacer que vuelvas a valorar tu propio país. No desde el nacionalismo barato, sino desde el contraste.

Después de pasar años fuera, Germán dice apreciar más España, Sevilla, el humor, la comida, la forma de relacionarnos y esa costumbre tan nuestra de hablar con camareros, guías o desconocidos como si fueran personas de verdad y no simple personal de servicio.

Hay cosas que solo valoras cuando dejas de tenerlas alrededor todos los días.

Y quizá esa sea una versión más honesta de lo que puede darte un viaje: no una superioridad moral, sino una mirada un poco más afinada. Hacia fuera y hacia dentro.

Para quien quiera vivir, crear y vender mejor

Esta conversación toca fotografía, viajes, desigualdad, emprendimiento, ventas y estilo de vida. Pero en el fondo va de algo más simple: dejar de vivir en automático.

Viajar puede ser una herramienta brutal. La fotografía también. Internet también. Pero ninguna de esas cosas hace el trabajo por ti.

Si quieres contar historias, vívelas.

Si quieres crear algo valioso, sal del tutorial eterno y ponte en contacto con el mundo real.

Y si haces algo bueno, aprende a venderlo sin vergüenza.

Porque no, viajar no te abre la mente por sí solo.

Pero si sabes mirar, escuchar y moverte con honestidad, puede cambiarte la vida.

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Preguntas Frecuentes

¿Viajar realmente te abre la mente?

No necesariamente. Lo que marca la diferencia es la actitud, la curiosidad y cómo te relacionas con otras realidades.

¿Qué hace buena a una fotografía más allá de la técnica?

La capacidad de transmitir una historia o una emoción, no solo de verse “bonita”.

¿Por qué muchos creativos fracasan al vender su trabajo?

Porque creen que el talento se vende solo y evitan aprender marketing, ventas y comunicación.

¿Qué es la teoría de las banderas?

Una forma de repartir residencia, trabajo y fiscalidad entre distintos países para ganar flexibilidad.

¿Qué consejo práctico da Germán Gutiérrez para emprender?

Escribir un email diario para mantener el vínculo con tu audiencia y generar confianza a largo plazo.

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